viernes, 29 de noviembre de 2013

El patriota


Soy uno de los últimos españolitos que hicieron el servicio militar obligatorio. En mi caso, y con la intención de aprovechar el año en blanco que iba a pasar por culpa de no alcanzar la nota necesaria para entrar en la Escuela de Caminos, me inscribí voluntario en el 82 para pasarla en Madrid. Pudo ser un gran error. Pasé 19 meses encerrado en el cuartel Inmemorial del Rey número 1, con la rigidez obligada por ser el regimiento más antiguo de España y la poca gracia de ser infante de Tierra, cuyo único aliciente es el de gastar suela en marchas interminables cargados de un equipo absurdo que en caso de conflicto, haría más probable que murieras de agotamiento que por una bala certera del enemigo. Pero bueno, al fin y al cabo el lema del Regimiento era “El freno”

Me dijeron mis hermanos ya licenciados que a la hora de repartir actividades no me presentara como voluntario ni para comer. No obstante, viendo que con ese argumento iba perdiendo los pocos puestos placenteros que había en oficinas o con poder de negociación tipo cabo furrier, decidí presentarme al único puesto que nadie quería: radio de capitán. Me atraía ya la tecnología y voy y me apunto a portar un aparato que rozaba los 15 kilos y que sumados al resto del equipo hacía insufrible las largas caminatas por la Casa de Campo que hacíamos continuamente. Es el resumen de mi vida, añadir dificultades a lo que ya de por sí es difícil.

Pero un pequeño golpe de suerte cambió mi destino. Destinaron al mando de la primera compañía, la mía, el capitán D. Ricardo Fernández de Bobadilla y Álvarez de Espejo.  No sería un gran destino para una persona como él, pero supongo que tenía que pagar el precio por ser uno de los firmantes del "manifiesto de los cien"* de 1981. No bajó el ritmo, todo lo contrario, ya que era (y será) sumamente estricto y disciplinado. Pero en él descubrí la pasión y el amor a una profesión que parecía poseer desde siempre, y con él, el tiempo pasó más rápido y los días fueron más interesantes. Con los años supe que era el actual Marqués de Santa Lucía de Conchán y descendiente directo del primer Marqués D. Francisco de la Cueva y Guzmán, general del Tercio de Infantería y Milicias de Lima, al que un agradecido por sus servicios a la patria Carlos II le concedió el título y la entrada en la orden de Calatrava. Era nieto además del general de Ingenieros D. Ricardo Álvarez de Espejo, que ganó la Laureada en la tristísima Guerra de Cuba de 1898. Esto justificaba su fascinación por el mundo militar desde luego, pura estirpe.´

A partir de aquí, las hasta entonces interminables incursiones entre montes de la Casa de Campo o las larguísimas maniobras en espacios militares varios por todo el territorio español tenían un sentido: mejorar y estar preparados para dar a tu patria lo mejor de ti si llegaba el momento. Y mojé mi juventud e inexperiencia entre continuas exaltaciones al honor, la disciplina y patriotismo, cercanas al chovinismo1 francés aunque muy alejada del jingoísmo2 presente en los países europeos hasta pocos lustros antes. Y me involucré aprovechando el tiempo hasta obtener desde abajo el título de Sargento de la escala de Complemento que es lo máximo a lo que podía aspirar.

¡Sí!, me mojé tanto en patriotismo que llegué a soñar con la bandera rojigualda envolviendo mi cadáver aún caliente mientras bandas de los tres ejércitos interpretaban el Réquiem de Mozart por mi sacrificio tras haber dado mi vida en un acto heroico que hubiera salvado la vida de cientos de compatriotas. La juventud es así, sueñas con ser lo mejor en lo que te dicen que es bueno. Por soñar he soñado hasta ser la madre Teresa de Calcuta, o el goleador que iba a hacer al Atleti Campeón de Europa…

Hoy han pasado más de 30 años de aquello y sigo recordando con cariño al capitán, hoy creo que Coronel.al que admiro como admiro a cada persona que pone pasión en lo que hace sea lo que sea. Puede que él, junto con mi padre, sean los responsables de que ejerza mi profesión con amor y pasión pues no entendería hacerlo de otra forma. Pero la vida me ha enseñado que el concepto de patriota es un concepto inventado por los poderosos para enviar a los corrientes a la muerte sin darse cuenta que luchan por los intereses de ellos y no de los suyos. Que sólo los no patriotas premian a los patriotas para dar ejemplo a los demás mortales e invitarles a hacer lo mismo. Claro que se acabó aquel tiempo en que el premio era la tierra, la riqueza e influencia tuya y de toda tu estirpe; Medallita de latón y a seguir luchando. Todos los cementerios de la historia llenos de patriotas olvidados, como la propia acepción de patriota. Últimamente apenas recuerdo haberla escuchado en las absurdas emisiones de deuda pública autonómica para convencer a cuatro tontos con aires nacionalistas a invertir en ellas sus ahorros. Además, claro, de las innumerables películas americanas que exaltan al americano medio que lo da todo por su país.

Y pese a ello me considero un patriota. Eso sí, de una nueva estirpe de locos enamorados de un mundo utópico sin fronteras físicas y económicas, con igualdad de oportunidades y derechos. Un mundo sin razas, sin discriminación, de hombres y mujeres que aman la vida y que luchan juntos por el bienestar de sus vástagos y el futuro de toda la especie. Un mundo que no deje morir a un niño de hambre, a una mujer de una paliza, a un inmigrante buscando algo mejor para él y su familia.  Un mundo que no existe y probablemente no existirá, pero que no por ello hay que dejar de aportar lo que puedas para que lo que haya se aproxime un poco a esa idea. Y no ya por ti, sino por tus hijos.

Pues si… ¡soy un patriota!. Y lo será hasta que la RAE acepte el término “mundiota”. Caso perdido, que le vamos a hacer

1 Chovinismo. Creencia narcisista, próxima a la mitomanía, de que lo propio del país o región al que uno pertenece es lo mejor en cualquier aspecto. Se debe a Nicolas Chauvin, patriota exagerado que luchó en las guerras napoleónicas y quedó desfigurado tras ser herido 17 veces
2 Jingoísmo. Nacionalismo exaltado partidario de la expansión violenta sobre otras naciones. El término jingoism fue acuñado por el radical George Holyoake en una carta al Daily News el 13 de marzo de 1878.

*Manifiesto de los cien: texto firmado por un centenar de mandos militares y difundido por la agencia Europa Press el 5 de diciembre de 1981, nueve meses después del fallido golpe de Estado del 23-F en España y poco antes del consejo de guerra que tuvo lugar contra los golpistas, también mandos militares Los 91 firmantes consideraban que las críticas a los promotores del golpe del 23F eran cíticas a todo el ejercito. Sufrieron arrestos leves y a muchos se les cambió el destino. A 8 entre los que estaba Blas Piñar se les expedientó.


miércoles, 20 de noviembre de 2013

Día de premios en Professional Answer

Nos despertamos hoy en Professional Answer con dos muy agradables sorpresas. La primera venía de la Fundación Deporte Alcobendas, Fundal, que ha decidido premiarnos por ser "paradigma de colaboración en el ámbito social y empresarial". La segunda viene de la RFEVB que ha incluido en la lista de la selección nacional absoluta de voleibol que luchará por estar en el Campeonato del Mundo de 2014 a Patricia Rodríguez, nuestra Patri del equipo @voleyAlcobendas que tenemos la suerte de patrocinar. Ambas noticias están muy relacionadas lógicamente.

Del premio de Fundal, al que agradecemos su gesto y su continuo interés en que tengamos retorno a nuestro patrocinio, nos ilusiona el poder tener en la oficina una estatuilla, que, colocada estratégicamente, nos recordará cada día que el esfuerzo que hacemos no es en vano. Y digo esfuerzo porque somos una compañía muy pequeña; tan pequeña que no podemos siquiera beneficiarnos de las ventajas fiscales del patrocinio, ni tenemos un departamento de imagen o un manual corporativo de responsabilidad social. Pero si tenemos conciencia. Les garantizo que tal y como están hoy las cosas, dedicar un 4% de tus ventas a distintas organizaciones que colaboran a que la sociedad sea más justa y se desarrolle mejor es un esfuerzo que pagamos con mucho sacrificio muchas veces y que hacen que nuestro balance siempre penda de un alambre. Pero somos un equipo en el trabajo y en las decisiones: aquí ha participado todo el mundo y no sólo los socios, por lo que es un premio para todos.

De las diversas aportaciones que hacemos, y sabiendo que todas tienen un buen fin, la decisión de patrocinar este club femenino de Voleibol ha significado un vuelco en nuestras vidas, y sobre todo, por lo involucrado que estoy, en la mía. La entrada, aunque accidental, fue muy meditada. Podría escribir un libro sobre las ventajas del deporte en la formación de los jóvenes, pero el mejor resumen que puedo hacer es comentarles que mientras el resto de nuestras colaboraciones las consideramos así, colaboraciones a la sociedad, en este caso lo llamamos inversión, ya que estamos invirtiendo en los jovenes que trabajarán en nuestras empresas en el futuro. Y les aseguro por experiencia, que esa formación de trabajo en equipo y de esfuerzo en conseguir metas conlleva un plus significativo en la valoración de los currículos de estas personas.

Pero el caso de @voleyalcobendas nos ha superado: Ver que de repente el club que patrocinas gana el Campeonato de España Juvenil, que se convierte en el equipo más joven de la historia en ascender a Superliga donde lo está haciendo genial, que gana torneos internacionales y sobre todo, ver que detrás de estas campeonas hay un montón de trabajo bien hecho y un montón de equipos en todas las categorías que dará continuidad al proyecto es absolutamente gratificante. Y por eso nuestro segundo y más importante premio del día es ver como avanzan en sus objetivos y que su trabajo se ve recompensado como así ha ocurrido hoy con Patri.

Pero créanme desde nuestra máxima humildad que somos el último eslabón de la cadena. Fue Lilly Zommer la que, cuando le dije que no merecía aparecer el año pasado en la foto de campeonas de España, nos convenció de que somos un eslabón tan necesario como los demás, y no sabe como le agradezco esas palabras, porque fueron las que definitivamente nos insertaron en la vida del club y nos hicieron sentir parte del engranaje. Pero son ella y su marido, el resto de la directiva y ese plantel de magníficos entrenadores los culpables de los resultados; son el Ayuntamiento de Alcobendas y ahora Fundal los que están consiguiendo que haya mas de un centenar de chicas sacrificando mucho tiempo por por conseguir sus objetivos, y son los padres los que, con amor desinteresado, se ocupan del día a día de cada una de ellas. Nosotros las hubiéramos patrocinado igual aunque fueran las últimas de cada categoría.

Nos encanta el premio, la alegría de Patri, ver rematar a Ani Muller, bloquear a Carmen Unzúe, Recibir a Esther.... y nos gusta tanto como ver a las cadete federadas o municipales esforzándose en mejorar, o ver como las pequeñas empiezan a descubrir el deporte y se van apasionando. Y el premio que de verdad queremos, el que nos llenaría de ilusión, sería que, pasados muchos años, cualquiera de ellas hayan triunfado en el deporte o no, saquen del baúl esa camiseta con la que combatían cada fin de semana y se fijen en el logo de una pequeña empresa que ayudó en lo que pudo para que ellas estuvieran allí


lunes, 4 de noviembre de 2013

La oportunidad perdida


A lo largo de nuestra vida se van sucediendo situaciones, que ya sea porque no les damos importancia, o porque no suponen un problema, se quedan en el olvido. La mayoría de ellas se diluye en el tiempo porque apenas ocuparon un pequeño espacio en el córtex temporal y sólo algunas que llegaron hasta el hipocampo, por ser raras o repetitivas, podrán llegar a ser rememoradas en un futuro ante una situación o imagen que nos evoque ese recuerdo. Por desgracia nuestro cerebro está más empeñado en hacernos recordar situaciones complicadas o traumáticas que las de placer, y estas a su vez más que las “normales”. Es de lógica que el cerebro no quiera que las situaciones traumáticas vuelvan a suceder y por eso las graba. Pero y las buenas? Y sobre todo, y las normales?

Yo sé que he desperdiciado, como todos, cientos de esas situaciones que, por falta de análisis, o más bien, por falta de preguntarme el porqué de las cosas, no se han convertido en oportunidades. Sé también que de la mayoría ni me acordaré, pero como ejemplo les voy a poner una que si recuerdo de mi más tierna infancia y a continuación les explicaré como descubrí que fue una oportunidad perdida:

Como ya saben los lectores más habituales de mi blog, soy uno de los diez vástagos que mis padres, en un alarde de fertilidad muy de aquella época no exento de masoquismo, decidieron tener, educar y mantener. O al menos mi padre, porque a las madres de entonces no se las preguntaba. El nacimiento de los mellizos, yo entre ellos, elevó el número de críos a 8 teniendo la mayor 11 años recién cumplidos, y eso motivó que, aparte de orden y sacrificio, se necesitara la ayuda de una persona que colaborara en la crianza de la prole. En esos tiempos, en pleno éxodo rural hacia las ciudades, tener ayuda era una posibilidad bastante asequible. 

En  mi casa hubo dos dignas de mención, Adora, que apareció en una estación de autobús con mucho hambre y sin dinero ni para volver al pueblo, y que pasó el resto de su vida comiendo sin incrementar lo más mínimo su diminuto cuerpo para compensar sus carencias de infancia, y Ángeles, una fantástica y fornida hembra de Coria que era pura alegría, que cantaba que daba gloria y que era el refranero extremeño en persona. Ángeles, desde muy pequeños y hasta que empezó el colegio nos bajaba a mi hermana melliza Marta y a mí a la parte posterior de la casa, donde un gran patio de arena se convertía en un espacio de juegos que hoy sería la envidia de cualquier madre, por su inmensidad y por la seguridad de que no había forma de escapar de allí sin la intervención de un adulto. De todas formas, con Marta no había problemas, pues, o se bajaba alguna muñeca, o se dedicaba a escarbar en el suelo buscando ojos de cristal, que aparecían por doquier, ya que aquel patio fue en su día el solar de la primera fábrica de la muñeca Gisela, la gran competidora de la Mariquita Pérez en los corazones de nuestras madres.

Yo sin embargo siempre permanecía con Angeles, ya que, con paciencia infinita, me dejaba sentarme durante horas en sus piernas y recostarme contra ella sin rechistar. Nunca me preguntó por qué no iba a jugar, y supongo que era porque sabía la razón de mi tozudo comportamiento: la comodidad que me producía esa maravillosa amplitud de su cuerpo, ni blando ni duro, sino el mullido perfecto que se buscaba en los sillones de la época, y sobre todo, esos dos inmensos pechos que abrazaban mi cabeza dándome un confort y un calor digno de ser recibido por gran señor o monarca, y que, con la compañía de su voz melodiosa hacían de mí el ejemplo perfecto que habría que enseñar a los extranjeros para que entendiera nuestra “siesta” en su máximo esplendor.

Por desgracia todo lo bueno acaba y con el colegio se acabó lo bueno. Todo lo anterior explica lo poco que me gustaba al principio ir al colegio, como rememoraba hace poco cuando me encontré con Charo de la Vega, la directora del Baby Parking donde fui a parar. Me habló además de esa manía que por lo visto tenía de ir tocándole las tetas a todas las empleadas féminas de la guardería. Eso si – me explicaba – no apretando, sino empujando de abajo arriba y de fuera adentro para ver aparecer la curvatura de sus mamas por el escote de sus batas de trabajo. Tras mascullar un perdón muy tardío, más porque no sabía salir de la situación que por sentimiento de culpabilidad, me aclaró que no hubo queja por parte de ninguna de las afectadas y que de hecho, no paraban de cogerme en brazos. (Qué época!, cuanta pasión perdida, y que necesitadas las jóvenes atrapadas por la moralidad religiosa vigente entonces; como la los mozos, vamos).

Pero todo esto que les he contado tiene un fin y no es el que piensen que soy un obseso sexual, que con que lo sepa mi mujer me basta. Fue a principios de los 90 con la aparición de nuevos canales de televisión cuando aparecieron en horas nocturnas los programas de tele tienda, y fue visionando uno de ellos cuando descubrí mi gran oportunidad perdida: Anunciaban a bombo y platillo la famosísima y vendidísima en millones “Butterfly Pillows”, la almohada cervical que hizo multimillonario al listo depositario de la patente . Que vuelco de mi corazón cuando recordé en ese instante todas las tardes que pasé en una de ellas, eso sí, natural. Que decepción no haber buscado solución cuando me quedé sin ella y no haberla compartido con el mundo para que llenaran mis bolsillos agradeciéndome encima el genial invento.

Claro que después de la conversación con Charo tendría que sumar a mis decepciones no haber sido el creador del Wonderbra, pero bueno, vamos a dejarlo aquí.

Esta es una de mis oportunidades perdidas, pero  sepan que ustedes han perdido muchas también y a lo mejor ni lo saben. Y que de forma colectiva las perdemos cada día, alguna incomprensible: Todo lo que ha pasado en España con esa clase política mafiosa, corrupta, malversadora e interesada dirigida por adinerados empresarios y banqueros sin escrúpulos ni límites morales, y que ha ocasionado la pobreza de muchos incluida la perdida de los derechos más elementales como el de la vivienda o la comida caliente, o ese paro desgarrador de porcentajes prohibitivos que está matando la dignidad de muchos, o la ruina de nuestro tejido empresarial y la falta de esperanza de los jóvenes, no tiene respuesta.


El 15M fue un intento de los jóvenes que no fue apoyado por el resto, y que murió contaminado rápidamente por esos mismos políticos que saben que el fútbol, la tele y la manipulación de ese odio bipolar inherente a los españoles es arma suficiente para aplacar cualquier levantamiento. Y no sólo se lo cargaron, sino que la imagen para el recuerdo que nos queda es la de los okupas y violentos que se sumaron a la movilización y llenaron de mierda las plazas, y no la de una juventud preparada pero harta ante la falta de respeto y oportunidades. Y aquí seguimos los demás, como ovejitas complacidas sabiendo que, a falta de gobierno digno, de formación y honradez en nuestras instituciones, será la familia el instrumento que como siempre nos haga salir de esta crisis.Y por eso así nos va.

No levantarse ante el abuso,  ¡Eso sí que es una oportunidad perdida! 


sábado, 10 de agosto de 2013

La sonrisa de Angun. (Nepal 1)


Nada hacía presagiar cuando lleguamos al aeropuerto de Tribhuvan en Katmandú en febrero de 1992 con mi hermana melliza Marta y otras 14 parejas de franceses que este viaje era uno de los que más me iban a marcar en mi vida. Cuando eres joven te dejas llevar, y más en aquellos años donde sin internet ni dispositivos móviles investigar era más sofisticado. El viaje era un premio a los resultados obtenidos el año anterior en la filial del grupo Concept en España, y recuerdo que lo organizaba la empresa francesa Terres D´Aventure que no sabía por entonces que estaba especializada en senderismo. 

A la llegada, a media tarde nos metieron corriendo en un autobús para que nos diera tiempo llegar antes de anochecer a un templo de nombre impronunciable pero que todo el mundo conoce como el templo de los monos. Situado en una colina que domina el valle, es un templo que te llama la atención por ser el primero que ves -los hay mas bonitos-, por los trescientos escalones que hay que subir y por la cantidad de monos y su agresividad transigida que sobrepasa en mucho a la mala leche de los cuatro monos que te dan el coñazo en Gibraltar . Pero tener la oportunidad de ver el atardecer en la terraza mirador que domina toda la urbe enclavada en medio del valle fue un espectáculo inolvidable. Era una metrópoli prácticamente plana donde se veían por doquier los tejados de sus múltiples templos y que se extendía hasta donde te llegaba la vista. Me tuvieron que venir a buscar pues me perdí observando su inmensidad y belleza.

Al día siguiente visita libre por la ciudad. Salir del barrio turístico de Thamel donde se ubican los hoteles y adentrarse en el caos del centro de Katmandú es un viaje para la vista, el oído y el olfato. La urbe es en verdad un conjunto de ciudades del valle homónimo que han acabado unidas,. Distribuida en forma circular, es como una tela de araña cuyo centro es la plaza Drubar, llena de templos y en una zona eminentemente comercial. Ir temprano, cuando se escucha con nitidez el campaneo que llama a la oración es especial. Lo siguiente es tirar el plano, pues vayas en la dirección que vayas descubrirás una forma de vida distinta. Recuerdo que los franceses se dejaron seducir por el distrito de las tiendas, Khen Tole. Tiene narices que hagas miles de kilómetros para ver una tienda de Channel y más en un barrio racista en el que sólo hay turistas e hindúes y donde se daba la paradoja que no podías pagar en rupias nepalesas, sino en rupias indias o dólares. Yo, como siempre hago en Asia y África, dejé que el olfato me guiara, que lo suele hacer muy bien, y me adentré en mi primera experiencia del caos dominado y en una realidad de una vida muy pobre de un pueblo muy alegre, porque, por lo menos en el 92, hasta el más mísero de los habitantes de Nepal con el que me crucé esbozó una sonrisa llena de amabilidad y buenas vibraciones. Y hasta en los barrios mas modestos encontrabas en cada esquina, un templo o una pagoda continuamente visitada por sus fieles, que incluso aquí siguen inmersos en la carrera. Crucé, al otro lado del río hacia la Plaza Durbar en Patán, donde se ubica el Palacio Real y montones de santuarios de tanta calidad que es conocida como el bosque de los templos. Pasear por esa plaza y tratar de entender como ha llegado tan intacta a nuestros días en un país tan caótico es complicado, hasta que comprendes que los nepaleses aman su culturan. Recuerdo, como ejemplo, quedarme paralizado ante Kaasthamandap, una pagoda de tres pisos dedicada a Gorakhnath realizada enteramente en madera sin un solo clavo y, según la mitología, construida con la madera de un sólo árbol, perfectamente conservada. Primer día y babeaba.

Lo que no sabía por entonces es que el viaje iba a cambiar radicalmente al día siguiente. Nos recogieron cinco Jeep en grupos de 6 mas guía y conductor y pusimos rumbo a las montañas. Íbamos absortos viendo la inmensidad de los valles rodeados de bancales,  terrazas perfectamente alineadas para aprovechar al máximo la producción agrícola y con la cordillera del Himalaya de fondo, mientras nos explicaban que dormiríamos cuatro noches en tienda de campaña haciendo actividades. No voy a negar que esto me puso de mal humor, pues a uno le gusta viajar como a nuestros políticos: gratis y en hotel de lujo. Pero el enfado duró hasta que nos subieron en kayaks y nos tiraron por un río salvaje de aguas cristalinas, en medio de cañones imposibles hasta llegar a un pueblo perdido, el mejor museo que jamás haya visto al aire libre pues no tenía ni una sola construcción con menos de seis siglos y mostraba los mejores trabajos de los mallas, dominadores de la talla en piedra y madera (si si mallas con ll que gobernaron del s. X al XVIII en Nepal). No me perdono haber olvidado el nombre del sitio en cuestión, pues uno ha de poder presumir de haber estado en sitios como este.

A la noche cena y toque de queda a las 10 porque había que madrugar. Casi me meto en la tienda!! Pero tras auto convencerme de que un seguidor de la movida madrileña de los 80 no podía acostarse a esas horas, di media vuelta  y me dirigí al pequeño fuego donde se arremolinaban los Nepaleses. No se como empecé la conversación, pero si recuerdo que quise desmarcar a España de Francia en la forma de celebrar la vida y la multitud de juergas y fiestas que hemos inventado los hispanos. Y tras una hora de explicación en mi horrible inglés, las llamas se habían multiplicado por cinco y nos hallábamos saltando sobre la hoguera en una burda imitación de lo que era la noche de San Juan, bebiendo un mejunje alcohólico que entraba que daba gusto y gritando la palabra que ellos ya habían convertido en sagrada y que no era otra que "marcha", o "marsha" que es como la pronunciaban. Y así nos dieron las siete caminando sobre las brasas. Todavía rueda por París una foto mía con la ropa medio quemada y el rostro tiznado que algún perplejo francés hizo al salir de la tienda.

Me dí cuenta que uno de los guías, el que parecía más joven, no paró de mirarme en toda la noche. Pensé mientras me refrescaba y cambiaba a toda prisa que era normal después del espectáculo que había dado. Tras el desayuno subimos a los todo-terreno y mientras me acomodaba pude ver como este guía mantenía una pequeña discusión con el nuestro que más tarde entendí cuando se intercambiaron los coches. Según subió, ignorando a los otros cinco europeos que iban en el coche, me lanzó la mano mientras me repitió tres veces "my name is Angun" con un acento que me hizo comprender enseguida que nos íbamos a llevar bien, pues era tan nefasto como el mío y con una sonrisa impecable que enseñaba unos dientes radiantes más por el contraste de su color de piel que por su higiene dental. Le repetí mi nombre aunque ya no sirvió de nada porque a partir de ese momento yo ya no era Miguel, sino Marsha y le insistí que paráramos en el primer sitio en el que pudiéramos comprar esa especie de brebaje nepalí invadido por la mala conciencia de haberme bebido gran parte de las existencias, enfrascándome a continuación en conversación con mis compañeros europeos de viaje sin hacerle mayor caso.

Tras hacer trekking por el lago Phewa y llegar hasta Pokhara y ya de vuelta, paramos en una pequeña aldea y entramos en una especie de colmado a comprar lo prometido. Cuando me dijeron que cada botella de ese licor costaba 3 rupias nepalesas, siete pesetas con cincuenta céntimos al cambio, decidí comprar todas las que había que recuerdo que eran noventa y seis, ocho cajas de doce botellas de medio litro aproximadamente cada una. La primera reacción de asombro de de mi guía y conductor se convirtió al momento en carcajada mientras me comentaban que alguno que viniera después se iba a poner muy nervioso pues me llevaba las existencias en 50 kilómetros a la redonda y por esa zona gustaba mucho acabar la jornada con un traguillo de tan maravillosa bebida. Siempre pensé que era Arak, licor de patata muy tradicional allí, pero años después me trajo un amigo un par de botellas y no era el sabor que recordaba ni de cerca. Que oportunidad perdida no haber empezado en ese momento la importación de ese elixir en España, pues daba tono y a pesar de haber ingerido una media de cuatro botellas en cada uno de los cinco días que duró esa expedición no me causó ni un pequeño de dolor de cabeza. Si lo hubiera hecho, probablemente el Red Bull de Vettel estaría luchando hoy contra el Nepal Liquor de Alonso

El caso es que a esas alturas yo era el héroe de la generosidad y el divertimento: No había puesto límites al dispendio para la juerga y renunciaba a la compañía de mi pareja en la tienda por estar con ellos. Claro que ni sabían que todo el gasto que hice era menor que lo que costaba una copa en el Pachá de los cojones, entonces mil pelas, ni se imaginaban que la que estaba en la tienda era mi hermana, más vista que el tebeo por ser melliza. Y andaba yo disfrutando tanto del momento que no me pareció momento de ser sincero.


Ya en la noche, tras la cena y toque de queda de nuevo para los franceses, organicé la segunda fiesta nacional, dedicada esta a San Fermín, donde yo además hacía de toro, con carrito y cuernos como es menester. Como preveía que iba a ser difícil la explicar y el llegar a un punto divertido, conseguí que previamente diéramos cuenta a una de las cajas de ron. Fue intenso. El recorrido perfecto entre el campamento y un pequeño templo budista, en subida dura al principio (Santo Domingo), curva pronunciada (mercaderes), y tramo más llano (estafeta) hasta el templo (plaza de toros) donde, a pesar de las reticencias de los guías, habíamos tomado prestados unos khatas rojos, pañuelos que se cuelgan en ofrenda, y que venían que ni pintados para la ocasión. Hicimos un recorrido entero y repetimos luego parte, porque estos descendientes de los sherpas* corren que se la pelan por la montaña y no habíamos disfrutado de una cogida. En la segunda subida y antes de lo que llamábamos curva de mercaderes ya habían sido corneados los 10 ante la prisa que tenían en comprender el rito. 

A las tres de la mañana no podían con su alma y entendí que trabajaban duro y que necesitaban descanso, por lo que decidimos irnos a nuestras tiendas, pero Angun no estaba dispuesto a terminar y me pidió conversación a lo que accedí mas por educación que por deseo, eso si, dirigiendo la conversación de tal manera para que fuera él el que hablara. Si me llegan a decir antes que iba a estar dos horas escuchando a alguien sin interrumpir y en inglés, donde como mucho aguanto diez minutos concentrado no me lo creo. Pero es maravilloso comprobar que en el fondo todos tenemos una historia que contar y que siempre se aprende algo nuevo.

Angun, venía de una familia humilde de Lo Mantang, capital del reino de Mastang y que entonces (no se ahora que ha sido abolida la monarquía en Nepal en 2008) era un reino independiente admitido debido al vasallaje que el Rajá del reino ejercía en favor del Monarca de Nepal. Su nombre se debe a que su bisabuelo fue Angun Tenzing, Rajá de Mastang en la primera mitad del siglo XX. Claro que en un reino con menos de 10.000 habitantes casi todos tenían algún parentesco real y eso no garantizaba nada salvo al heredero real. El abuelo de Angun era hermanastro y amigo de Angdu, primer hijo del Rajá Angun, que gobernó once años hasta su muerte prematura, y que se empeñó en aprender francés, cosa que hizo obligando a su gran amigo a aprender con él pues necesitaba practicar. A la muerte del Rajá el abuelo volvió a la agricultura y formó su familia, pero no dudó en transmitir sus conocimientos de francés a sus hijos y estos a los suyos, lo que le valió a Angun para encontrar trabajo de guía en una compañía francesa. Me contó mil cosas sobre su vida y costumbres, pero lo que recuerdo más (les confieso que he tenido que recurrir a internet para rememorar nombres) es que durante esta y las siguientes noches Angun no paró de sonreír. Viendo la sonrisa de la  Gioconda uno comprende que Leonardo Da Vinci era un gran pintor, pero viendo la de Angún se descubría la verdadera, la del hombre feliz que disfrutaba de cada momento de su vida, fuera bueno o malo.

Necesito cortar aquí la narración para comentarles que a finales del 93 recibí una carta de Nepal. Fué gracias a un amable cartero que preguntó, pues, aunque la dirección era la correcta, en el nombre solo aparecía marçha si más. Contenía dos billetes nepaleses, de una y cinco rupias, completamente nuevos que son prácticamente imposibles de conseguir y que Angun recordaba que me gustaba coleccionar y una nota en un castellano perfecto que decía "Nepal y yo te esperamos. Angun". Yo le devolví una carta con las dos fotos que tenía con él y su sonrisa perenne, con nuestros nombres en el reverso y algo cariñoso que no recuerdo. No si si llegó ya que como dirección solo puse Angun, Angun Tenzing Trandul great grandson. Lo Mantang, Nepal. Pero al ser aquello tan pequeño y no haber recibido devolución llevando remite, siempre he tenido la esperanza de que si lo recibió.

Hoy, veintiún años después, tengo otra sonrisa que me llena de vida cada día. Pero son muchas las veces las que al mirar a mi hija Claudia cuando sonríe como sólo ella lo sabe hacer, recuerdo a Angun y le deseo desde tan lejos que su sonrisa siga tan llena de vida como entonces...

Continuará.

*Sherpa. Todo el mundo piensa que un Sherpa es un guía de montaña. Son sin embargo una etnia de la muchas que viven en Nepal que han emigrado del centro de China en los últimos 500 años instalándose en el Himalaya, pero ni todos los guías son Sherpas, ni todos los Sherpas son guías.
Las otras etnias importantes de Nepal son el Nepalí (descendientes de los Kash), los Magar. los Pahari, los Madhesi. Los Newa, Los Tamang, Los Gurung, Los Khambu, y los Tharu. Sólo conservan el sistema de castas en Chatrias los Nepalíes.
Angun era medio Gurung, medio Tibetano. Los Rajas de Mustang sólo pueden ser tibetanos puros por lo que deduzco que el bisabuelo tuvo una aventurilla fuera de palacio.

martes, 6 de agosto de 2013

La princesa de Salta



Martina es una niña especial pues conserva con diez años sus aspiraciones a princesa. En el mundo que llamamos desarrollado parece hasta normal, pero donde vive Martina y con la vida que ha llevado es hasta milagroso. La inocencia de los niños tiene muchas formas de morir, y mientras algunos tenemos la suerte de ver como nuestros hijos la pierden con la pubertad avanzada, en la mayoría de los casos es el hambre, la violencia o la desesperación las que inundan de realidad la hasta entonces programada infancia de un cerebro que necesita mucho aprendizaje, pero que ante todo se aplica a la subsistencia.

Pero la verdadera protagonista de esta historia es Mónica, su madre, pues a sus casi ya treinta tiene memorias que contar. Mónica es el resultado en el que la mezcla de razas encuentra el punto perfecto de intersección. Descendiente de mil aborígenes del pueblo de los Salta que son los que dieron el nombre a la ciudad y de mil descendientes de hispanos, llegados allí para vivir entre el dominio y la riqueza que alguien les prometió, sacó de cada uno de ellos su punto más hermoso hasta configurar a la hembra en la que Nietzsche estaba pensando cuando describió por primera vez el término Apolíneo en su obra "El origen de la tragedia". 

Pero la belleza en muchos sitios, por no decir en todos, no es el don innato de agradar y atraer a tus congéneres por la perfección y la armonía, sino el castigo a ser sometida al deseo de personas que, obsesionadas por poseer lo que su vista les dicta, se abandonan a sus instintos más básicos para conseguirlo rápidamente y sin molestarse en ganárselo en una relación basada en el respeto y la igualdad. Pero, por lo que hoy sé, parece que Mónica lo tenía asumido desde que en su adolescencia descubrió el poder hipnótico que producía en los hombres. Ante la desesperanza de poder mejorar por sus otros valores en un entorno familiar muy humilde y en una ciudad donde si no llevas uno de los apellidos de las familias que la gobiernan no podrás avanzar, se puso en manos de hechiceros del bisturí y se colocó implantes que, aun destruyendo su equilibrio natural, se adecuaban a lo que la moda de los cazadores de cuerpos del momento gustaban de buscar. Implantes de mala calidad pero muy bien puestos debido a la enorme práctica de estos matasanos en aquellos lares, donde las jóvenes son capaces de dejar de comer durante meses a cambio de no sólo de contradecir a la interacción de la gravedad, sino de ser el escaparate en el que los ricos se han de fijar . Implantes que significaron la cremación de los auténticos valores de esta chica, que se pueden ver todavía entre las cenizas y que no puedo escribirlos porque esta no es la forma en que ella debe enterarse.

Pues bien, como ni esto es una biografía, ni la vida un guión predecible, les resumo lo que aconteció, que es por cierto, lo que suele pasar en estos casos: A Mónica se le acercó un chico bien, de aparente buena posición, más por ser chileno y no tener que demostrar las posesiones a la vista que por tenerlas, embarazándola a la primera de cambio de una niña, Martina, para ella princesa y para el una responsabilidad imposible de aceptar, por lo que del paritorio se fue directo al aeropuerto Martín Miguel de Güemes y de alli a su Chile natal donde sigue a lo suyo. Igual que Mónica que diez años después sigue buscando a un príncipe con cartera que compre su felicidad sin saber que no tiene precio y aguantando, como si fuera normal, a viejos déspotas con fortuna mal ganada, que solo buscan en una mujer lo que los pobres pueden encontrar en una muñeca hinchable, y que cuando han vaciado su ansiedad a base de poseer y golpear ese cuerpo todavía joven que consideran en propiedad por lo pagado, vuelven a sus casas presumiendo de sus virtudes teologales, fe, esperanza y caridad y las cardinales, justicia, prudencia, fortaleza y templanza.

Y mientras tanto, la princesa Martina de Salta, con un sexto sentido que la aleja de la realidad, se va al cuarto de al lado y dibuja en un trozo de papel reciclado un mundo ideal de amor y colores en la que ella no es el estorbo ni la excusa para que los amantes de su madre la abandonen cuando ya están saciados, sino la futura reina por el rey amada por su belleza y bondad. 

Que Dios cambie tu destino princesa, y que descubras que la verdadera corona no es de metales y joyas preciosas, sino de amor y respeto. De ese amor que San Pablo definió en la primera carta a los Corintios y que no hace falta ser religioso para entender:

El amor es comprensivo, el amor es servicial y no tiene envidia; el amor no presume ni se engríe; no es mal educado ni egoísta; no se irrita, no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad.
Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites. El amor no pasa nunca.



martes, 30 de julio de 2013

La insoportable levedad del ser


Ha sido una semana dura. El accidente de tren en las proximidades de Santiago es de los que remueven el alma y te recuerdan lo delgada que es a veces la línea que separa la vida de la muerte. Esta, como muchas de las catástrofes de hoy en día, son narradas en tiempo real y con cierta ligereza en la depuración de imágenes; y nuestra natural curiosidad hace que no podamos alejar la mirada de todo cuanto nos muestran cadenas compitiendo por enseñar más que nadie.

En mi caso, como el de muchos madrileños, nos ha traído recuerdos y sobre todo sensaciones imposibles de borrar, pues andan mal aparcadas en doble fila en el hipocampo, de lo que fue el 11M. Si es verdad que los matices entre un accidente y un atentado son distintas, no creo que  los miles de ¿Por qué?  que los familiares o heridos graves se auto interrogarán durante muchísimo tiempo tengan una entonación diferente. Pero entiendo lo que se ha vivido en Santiago esta semana porque es imposible eliminar las sensaciones que vivimos en Madrid en marzo de 2004. Recuerdo como si fuera ayer, cuando yendo en el coche hacia la oficina con mi mujer, que ese día me llevaba,  la radio nos iba desgajando por capítulos lo que de verdad había pasado en varias estaciones de la línea C-2 de cercanías. En un atasco monumental, con el semblante hundido y con un "no puede ser" como única conversación repetida entre nosotros decidimos variar nuestro rumbo hacia la Paz en un intento de donar sangre que hoy no repetiría, no por no donar que ya buscaría donde, sino porque mi experiencia acumulada me dice que hay que liberar las calles para que las ambulancias pasen, con lo que saldría en dirección opuesta. 

De todas esas sensaciones, la que tengo más grabada es la de un silencio desgarrador. Ni votando ese fin de semana con los colegios electorales llenos se oía un alma, ni en los atascos de la semana siguiente donde ni una bocina de un desesperado se escapaba al aire, ni en la oficina, donde la pausa del café perdió su pequeña tertulia cotidiana. El grito del silencio es aterrador.

Pero hay un dato, cruel coincidencia que me duele recordar: setenta y nueve muertos en el tren desbocado, setenta y nueve familias destrozadas, amigos abatidos y mas de cien heridos. Setenta y nueve. En el año 2012, récord absoluto de baja siniestralidad en carretera, con la quinta parte de fallecidos que en 1990 o la tercera que en los años 2000, 2001 o 2002, el mes que menos personas fallecieron fue en noviembre con setenta y nueve. Setenta y nueve familias destrozadas, amigos abatidos y más de cien heridos. 1304 en el total del año, 6 trenes llenos sin supervivientes, menos eso si, que los 29 trenes de 1990. Pero la diferencia de estos es que ya nos son noticia, ya no se transmiten porque no hay imágenes macabras y en directo que enseñar, solo amasijos de hierros, pero sin sangre aún caliente. Ya no es un maquinista despistado o un fallo en el protocolo, es un imprudente, un borracho o un chaval empastillado en una curva que repite de nuevo. Qué más da. no es novedad, solo importa si el causante es Farruquito u Ortega Cano, que eso si que vende. Setenta y nueve muertos, un poco mas que los del setenta y cinco del Yak42 y algo más de la mitad de los 154 que murieron en el accidente de Spanair, Pero uno fue muy lejos y del otro solo se veía el humo.

Quedémonos con lo bueno, que es la reacción de las personas ante la desgracia. Aprendamos de lo ocurrido para evitarlo en el futuro. Portémonos al volante y eduquemos a nuestros hijos para que sepan lo mucho que tienen que perder en un arrebato de juventud desmedida, Y sigamos viviendo sin recordar de nuevo la insoportable levedad del ser.


domingo, 28 de julio de 2013

Ndour y la tierra prometida



Mira que salgo poco de casa por motivos que no vienen al caso. pero cada vez que salgo discuto con alguien. Eso si, discusión a la española que consiste en liberar una dosis de machotina ibérica para demostrarle a otro congénere del mismo sexo quien lleva la razón, pero que una vez descargada la hormona en cuestión pues tan amigos. Es una forma más moderna y civilizada de acreditar que tienes mas testosterona sin recurrir a la fuerza bruta y, curiosamente, sin la necesidad de obtener como premio a la mejor hembra, que ni siquiera es obligatorio que esté presente. Eso si, como haya una moza de buen ver, se sube el tono veinte decibelios por el estímulo que produce que te oiga berrear.

El caso es que después de ver el Francia - España del Campeonato del Mundo de baloncesto femenino Sub19, me fui al bar "los olivos", donde siempre compro los fines de semana mis veinte dosis de suicidio lento de la marca Ducados. Casualidades de la vida, allí habían visto también el partido, por lo que, para amenizar la espera siempre algo larga a la que Mario me somete para darme cambio, suelto la típica frase de inicio de conversación "que lastima de partido..".

Esperaba yo sólo un asentimiento o como mucho algún matiz porque no tenía ninguna intención de quedarme, pero se me había olvidado que en España las primeras respuestas en una cháchara de bar se hacen sin meditar y ofreciendo abiertamente el nivel de educación de cada uno. Fue como un petardo que me espetó el oído:

- Si. pero la jodió la negra.

Diana! era la frase necesaria para encenderme. A pesar de mi ya respetable edad no he aprendido a esquivar las provocaciones de los palurdos. No es por lo de negra, que es muy negra como buena senegalesa, era por el tono, la incultura deportiva y el racismo escondido.

- Te refieres a Ndour, 27 puntos y 10 rebotes?, a la que acaba de ganar el campeonato de Europa sub20 como MVP y va a acabar este como máxima anotadora?  le repliqué intentando demostrar su poco conocimiento deportivo y lo amplio del mio para amedrentarle.

- Si. como se llame, la ha "cagao" en los momentos decisivos. me replicó sin importarle un bledo mis aparentes conocimientos.

No quiero que el blog se base en la discusión sin sentido que vino después así que se lo resumo : me encontraba ante el típico spanish supporter, vestido con chándal de mercadillo, al que no le importaba nada del partido salvo la victoria, que lo único que veía del equipo español era los fallos de la "negra" que había dejado a una "española" en casa. De hecho, lo mas gracioso es que en el equipo francés solo había una blanca y era croata, pero como me suponía el elemento ni se había dado cuenta. Y la triste conclusión es que, como en el 95% de estas tontocharlas, el tipo se buscó argumento para convertir su majadería en tesis doctoral sobre el resurgimiento de los hispanos, dando por conservada, como se intuía, la razón de sus planteamientos.

Mientras volvía a casa andando decidí olvidar rápidamente el palique más por no reconocer mi error de entrar en combate con un badulaque,pero me quedé pensado en Ndour y su presencia en la selección de España.

Astou Barro Ndour, que es su nombre completo,  jugaba el el colegio en Dakar hasta que con 14 años, fue descubierta por el Gran Canaria 2014, por lo que se trasladó a las islas afortunadas, viviendo en principio en casa de su entrenadora Begoña Santana. Empezó en cadete, pero un mate a 2 manos con sólo 15 años la aupó al primer equipo. Su progresión es espectacular y deslumbra por donde va, por lo que enseguida fue nacionalizada de urgencia, por carta de naturaleza, es decir por Consejo de Ministros en 2011. Y todo esto me hace analizar la realidad sobre varios temas:

Me parece justo que una jugadora represente al país que la forma. Me gustaría que tuviera las mismas oportunidades en Senegal, pero esto es hoy en día una utopía, así que no entiendo porque desperdiciar talento si eso enriquece al deporte. Este es el mismo caso de Theresa Zabell, doble campeona olímpica y cinco del mundo, nacida en Ipswich, pero formada en Málaga. Claro que como es blanca, pues ni se ha notado. Lo que me parece injusto es robar deportistas ya formados para que representen a tu país, como los innumerables casos de deportistas cubanos y ahora los africanos pagados en petrodólares, o aquellos que cambian de nacionalidad por conveniencia o desacuerdo (se acuerdan de Johann Mühlegg, "Juanito", que gano tres medallas olímpicas para España en esquí de fondo que luego le quitaron por dopaje?)

Me parece justo que una chica de Senegal y su familia pueda progresar, si consideramos que venir a España es progresar, claro, pero para ella y su familia era y es la Tierra Prometida. Me encanta que no haya tenido para ello que jugarse la vida en una patera como el resto de senegaleses que también quiere buscar una mejor vida. Y me parece injusto que los Consejos de Ministros tengan más facilidad en hacer española a una deportista que a cualquier ciudadano de otro país que cotiza en España. Claro que es el mismo Consejo de Ministros que indultó a Alfredo Sáenz, condenado por prevaricación al meter a 3 inocentes en la cárcel. Por interés te quiero Andrés.

Me parece no sólo injusto sino bochornoso que una persona de Senegal, como cualquiera de África, no pueda obtener la doble nacionalidad como un andorrano o argentino por ejemplo, y tenga que renunciar a su nacionalidad de origen para hacerse español. Lo de jurar obediencia al Rey le habrá dolido menos pues los Africanos entienden mucho de aristocracia tribal. Puñetero mundo de las leyes de conveniencia. 

En fin. Ndour, suerte con tu vida, yo sólo puedo decirte que es un placer verte jugar y si es en mi equipo mejor. Pero lo que de verdad me importa es que consigas lo que le deseo a todo el mundo, y es que encuentres la felicidad en lo que hagas. Y si es en este país, tan tuyo como mío, pues mejor que mejor.